martes, 21 de noviembre de 2017

Trastornos

Nuestra mente es el lugar donde habitan   nuestros peores demonios;  estaba tan harta de mis trastornos mentales, de  tratar de esconderme de mis demonios pero por mucho que corriera  tan lejos ellos  siempre lograban encontrarme, seguían pasando los días y con cada segundo que pasaba mi alma se enfermaba más y más, podía sentir esa inmensa soledad  abrumándome una vez más,   ese vacío en mi interior expandiéndose en todo mi ser,  esas ganas de gritar a todo pulmón,  de llorar hasta querer quedar  completamente seca,  no soportaba  seguir viviendo así... 

Odiaba  esas frases  "ya superalo"  " ya déjate de tonterías"  que fácil era  decirme eso, pero estos fantasmas  encadenaban mi frágil y  desgastado  cuerpo arrastrando sus cadenas  una vez más, pasaba de una euforia  y felicidad  a  llantos y los bajones emocionales de la nada, me despertaba llorando, con ganas de hablar con alguien y nadie que lo comprendiera, este veneno  se arraigaba a mi ser  transitando por  mis venas  llegando a cada poro de mi piel,  la comida no me sabia igual, pasaba mis días fumando como chimenea, tratando de callar las voces  de mi cabeza, buscaba mantenerme ocupada para no pensar pero los recuerdos  me  azotaban como inmensas olas  en el mar, me ahogaba, las  ganas de vivir se me iban lentamente, añoraba  pasara algo  tan fuerte, tan grande, cualquier cosa que pudiera  sacarme de esta oscuridad, entre más me aferraba a morir más reconocía  que solo  deseaba ser salvada, deseaba  que alguien se preocupara por mi, sentirme querida, apreciada, valorada, no se porque buscaba la aceptación de una sociedad tan despiadada  donde  el egoísmo se  volvía el pan de cada día, anhelaba que alguien llegara con su barita mágica a reparar mis piezas rotas pero tal vez me encontraba rota desde tiempo atrás, quizás ya había nacido así,  tan rota y por eso  no comprendía el porque seguía  así desmoronandome  lentamente; las noches  se volvían un martirio no lograba encontrar paz ni en mis sueños, no lograba  tatuar  esa sonrisa en mis labios, el brillo se había escapado de mis ojos y los días  eran tan grises como las nubes en medio de la tormenta, quería no uno si no miles de abrazos, quería  cerrar mis ojos y  jamás  tener que volver a abrirlos, quería  callar los ruidos de la ciudad pero tampoco soportaba el inmenso silencio, ese  silencio de la soledad. 

Que  fácil resulta cuando no comprenden los síntomas de la depresión, esa que  te carcome  el alma y la vida misma, esa que se aferra a tu ser como garrapata  chupándote la sangre, esa que  en algún momento del día  siempre te acompaña, esa que no tienes  un boto donde apagarla esa  que al final por mucho que hables a los oídos sordos simplemente no la comprenden, esa de la que tratas de huir pero  tarde o temprano te alcanza. 

Añoraba los días de paz, los días donde las voces no torturaran los oídos cansados de mi frágil y desgastada alma, simplemente añoraba volver a ser  yo... 

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