Nuestra mente es el lugar donde habitan nuestros peores demonios; estaba tan harta de mis trastornos mentales, de tratar de esconderme de mis demonios pero por mucho que corriera tan lejos ellos siempre lograban encontrarme, seguían pasando los días y con cada segundo que pasaba mi alma se enfermaba más y más, podía sentir esa inmensa soledad abrumándome una vez más, ese vacío en mi interior expandiéndose en todo mi ser, esas ganas de gritar a todo pulmón, de llorar hasta querer quedar completamente seca, no soportaba seguir viviendo así...
Odiaba esas frases "ya superalo" " ya déjate de tonterías" que fácil era decirme eso, pero estos fantasmas encadenaban mi frágil y desgastado cuerpo arrastrando sus cadenas una vez más, pasaba de una euforia y felicidad a llantos y los bajones emocionales de la nada, me despertaba llorando, con ganas de hablar con alguien y nadie que lo comprendiera, este veneno se arraigaba a mi ser transitando por mis venas llegando a cada poro de mi piel, la comida no me sabia igual, pasaba mis días fumando como chimenea, tratando de callar las voces de mi cabeza, buscaba mantenerme ocupada para no pensar pero los recuerdos me azotaban como inmensas olas en el mar, me ahogaba, las ganas de vivir se me iban lentamente, añoraba pasara algo tan fuerte, tan grande, cualquier cosa que pudiera sacarme de esta oscuridad, entre más me aferraba a morir más reconocía que solo deseaba ser salvada, deseaba que alguien se preocupara por mi, sentirme querida, apreciada, valorada, no se porque buscaba la aceptación de una sociedad tan despiadada donde el egoísmo se volvía el pan de cada día, anhelaba que alguien llegara con su barita mágica a reparar mis piezas rotas pero tal vez me encontraba rota desde tiempo atrás, quizás ya había nacido así, tan rota y por eso no comprendía el porque seguía así desmoronandome lentamente; las noches se volvían un martirio no lograba encontrar paz ni en mis sueños, no lograba tatuar esa sonrisa en mis labios, el brillo se había escapado de mis ojos y los días eran tan grises como las nubes en medio de la tormenta, quería no uno si no miles de abrazos, quería cerrar mis ojos y jamás tener que volver a abrirlos, quería callar los ruidos de la ciudad pero tampoco soportaba el inmenso silencio, ese silencio de la soledad.
Que fácil resulta cuando no comprenden los síntomas de la depresión, esa que te carcome el alma y la vida misma, esa que se aferra a tu ser como garrapata chupándote la sangre, esa que en algún momento del día siempre te acompaña, esa que no tienes un boto donde apagarla esa que al final por mucho que hables a los oídos sordos simplemente no la comprenden, esa de la que tratas de huir pero tarde o temprano te alcanza.
Añoraba los días de paz, los días donde las voces no torturaran los oídos cansados de mi frágil y desgastada alma, simplemente añoraba volver a ser yo...
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