Podía escuchar en el fondo esa voz a lo lejos apagándose suavemente y el latido de mi corazón se hacia más lento como si en cualquier instante dejará de existir, las manos me temblaban, un hueco se formaba en mi estomago y los estragos del dolor comenzaban a azotar cada parte de mi cuerpo, era como si mi antiguo yo buscara la forma de que en mi presente lograra reaccionar y comprender que aún debía tener un futuro que no podía ponerle aún un punto final a mi vida ni a mi historia, dicen que hay gente a la que no puedes salvar y me preguntaba si yo era una de ellas que estaba destinada a terminar de tal manera o solo eran esas voces en mi cabeza que buscaban sabotearme y no lograba comprenderlo por encontrarme tan cegada y tan hundida en medio de mi depresión la cual dominaba mi vida por completo en estos momentos.
Quería que la herida cerrara de una vez por todas, que mi mente dejara de encontrarse tan nublada y mis pensamientos dejaran de ser tan pesimistas y turbios, pero me faltaba una pieza y sin ese engrane nada funcionaba igual, todo era un completo desastre, nadie lograba comprender por lo que pasaba, necesitaba hacer las paces con mi interior pero para conseguirlo necesitaba esa disculpa sincera esa donde podía admitir el daño que me había ocasionado, pero en el fondo sabía que eso jamás pasaría.
Tenía miedo segundo a segundo, tenía miedo de ceder a las voces, a encontrar el impulso que me llevara al borde del precipicio, muchas veces necesitaba apagar mi mente, pero en algún momento del día todo me bombardeaba, carajos como podían ser más fuertes esas voces en mi interior, sentía que crecían más y más y se volvían más fuertes, comenzaba a creer que tenían vida propia, se alimentaban de mis sentimientos, los cuales los transformaban de forma destructiva generando una bomba de tiempo, una bomba latente.
Despierta!... por favor no te rindas, reacciona!...
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