lunes, 19 de noviembre de 2018

Adictos

Los días siguen pasando y sigo sin comprender tu forma obsesiva de querer saber si ya existe alguien más en mi vida y esa manera en la que decidiste partir,  un día me hablas y te trastornas si no te contesto y al otro me ignoras los mensajes y actúas tan indiferente...

Alguna vez te has sentido identificado con alguien así que fue parte de  tu vida, una de esas relaciones obsesivas que aun que terminen no te sueltan del todo, siguen ahí en las sombras, apareciendo sin aviso alguno, acechando a lo lejos, esperando el momento para reaparecer,  pero no buscan quedarse, no buscan componer el pasado e irónicamente llegan como si nada, como si las heridas no existieran, como si el hecho de que estén con alguien más no fuera importante pero no soportan la idea de que tú puedas estar con alguien más, te cuestionan, te indagan y se hacen las victimas, pero que pasa contigo, con tus sentimientos, con todo el tiempo que tardaste en sanar esa herida, en seguir adelante tratando de superar ese daño que dejo al marcharse así como si nada y ahora que  ya eres tú nuevamente y  nuevamente tu corazón se ha reconstruido  volviéndose más fuerte y menos ingenuo, así de la nada llega de las sombras como un huracán queriendo desbaratar todo a su paso  y después de su desastre marcharse así como si nada. 

Eramos adictos al pasado de cierta forma, a como me sentía cuando todo era perfecto antes de la tormenta, a esa sensación de dopamina que  invadía cada poro de mi ser quizás a  esa  idea de  estar enamorada, él a tener a alguien a su lado tan incondicional, pero eso no definía el presente, él se encontraba con alguien más a miles de kilómetros de aquí y yo ya lo había superado y en mi latir no iba su nombre; Cuántas veces nos volvemos adictos a las malas relaciones, cuántas veces esa obsesión la confundimos con amor, ese trastorno nos va marcando y nos va ocasionando heridas que a la larga se las ocasionamos a alguien más, por que  con el tiempo formamos una cadena, una ramificación de dolor,  ya no funcionamos igual nos  volvemos escépticos, incrédulos y un tanto insensibles lastimamos a quien nos ama y  amamos a quien nos ignora, nos envolvemos en esas relaciones superfluas de una noche por no querer una atadura, por pensar que así lograremos protegernos construyendo una barrera emocional pero al final seguimos siendo adictos a algo, quizás a los besos  y caricias de alguien más o simplemente a la soledad. 

Y al final cuántos fantasmas nos siguen asechando a lo lejos o quizás nosotros somos el fantasma de alguien más.