Quería enfrascarme vorazmente en su osamenta y devorarlo por
completo, quería pasar mis labios por todo su cuerpo, lamerlo y saborearlo,
quería enterrar mis uñas sobre su espalda y dejar mil y un marcas, amarrarlo a
esa cama y disfrutarlo una y otra vez hasta caer rendida a sus pies,
simplemente lo quería y lo deseaba tanto, añoraba disfrutarlo por horas,
inclusive días y quizás semanas enteras y hasta posibles años, era tan adicta a
él, a su cuerpo, a sus manos, a sus labios, a los miles de orgasmos que
producía en mi tan gentilmente, era adicta a todo su cuerpo y su ser y a su
forma tan peculiar de amar.
Contaba impaciente los días y las horas esperando ansiosa vivir y
sentir nuevamente ese momento donde se mezclarían
los sonidos de la inmensa ciudad con los sonidos del majestuoso placer tan vivaz que sólo los buenos amantes suelen
tener, lo añoraba tanto que cada segundo
parecía una eternidad, sentía ese fuego en mi interior devorándome en el deseo
y el anhelo de tenerlo y poseerlo una vez más, era tan suya como él tan mío…
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