Habían salido a tomar unos tragos y como siempre las grandes distancias de la ruidosa y turbulenta ciudad impedía quedarse más de lo programado, caminaron hacía el metro, él podía ver como los tipos la veían a ella caminar por las oscuras calles de la ciudad con su falda azul que se ajustaba perfectamente a sus suculentas y torneadas caderas dejando sus piernas al descubierto, como ellos la veían deseándola y como ella sólo lo deseaba a él, ya era tarde no había mucha gente en el vagón en el que subieron, el alcohol comenzaba ya a hacer estragos en el interior de sus cuerpos orillandolos más al deseo, ella mordió su labio, él pudo ver el fuego que se apoderaba de su mirada, ella lo beso frenéticamente mientras él metió su mano bajo su falda jugueteando con su deseosa y húmeda pussy acelerando su respiración más y más, podía escuchar sus pequeños y diminutos gemidos de placer mientras sus lenguas se enredaban, cada vez quedaba menos gente y ella deseaba tanto saborearlo por completo así que entre besos y caricias desabrocho su pantalón dejando al descubierto su enorme y suculento miembro, lo miro a los ojos y con ese fuego en su mirada lo tomo con su mano y bajo su cabeza hasta lograr meterlo en su boca simulando que dormía sobre sus piernas, lamía y chupaba desesperadamente cada vez más y más disfrutándolo, él mordía su labio en el deseo mientras la veía a ella saboreandolo por completo, el vagón se detuvo y sabían que podía durar segundos o incluso minutos, gloriosos minutos, en ese momento se percataron que se habían quedado prácticamente solos, tan sólo quedaba un tipo que les daba la espalda a lo lejos, más dormido que despierto, ella lo miro hizo de lado su ropa interior arremango un poco su falda y se subió en él que comenzó a penetrarla tan deseoso y frenéticamente, cada milésima de tiempo era más excitante que el anterior, esa idea de que el vagón comenzara a avanzar o de que el tipo pudiera despertar los envolvía más en esas infinitas ganas de coger, pudo sentirla llegar al orgasmo y seguir penetrándola más y más jalando sus caderas de arriba a abajo, tan duro, tan rico, tan placentero y suculentamente, hasta que ella pudo sentirlo llegar tan a tiempo, como si supieran el tiempo exacto antes de que el vagón se moviera o el tipo despertara segundos después, prácticamente esa noche todo estuvo a favor del fuego que existía dentro de sus cuerpos, de ese deseo, de esa fantasía que nacía y moría un fin de semana a la media noche en un vagón de la linea del metro.
Intensa y excitante fantasía al igual que tu blog que cumple su primer aniversario muchas Felicidades y que vengan muchos más. Saludos
ResponderBorrarExcelente historia
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