sábado, 22 de agosto de 2015

Eramos.

Me pregunto que cambio en ti o será que siempre fuiste así y yo por fin pude quitarme esta venda de los ojos, por fin pude percatarme de la realidad y al final ya no importa la distancia ya no importa si hablo o no contigo, porque ese latir que creí que era más que una ilusión  (pero error sólo era un aferramiento carnal) pereció en la oscuridad de esa inmensa ciudad.
Se que no nos volveremos a ver  ni a hablar pero tengo toda la seguridad que tarde o temprano volveré a escuchar su nombre reflejado en su trabajo y lo recordare con cierta melancolía y en el fondo me sentiré muy agradecida porque si no hubiera sido por él y su forma muy inestable de ser, no hubiera conocido a esa persona que se volvió tan importante en mi vida y no lo hubiera valorado como tal, gracias por abrirme los ojos a un nuevo horizonte y mostrarme que si hay algo más allá del simple deseo y sobre todo a impulsarme a vivir disfrutando cada suceso de mi vida, bien dicen que toda persona nos deja una buena o mala lección en algún lapso de nuestras vidas y él me dejo lecciones que jamás se olvidan, me abrió las puertas a ese bajo mundo donde el sexo más pervertido suele dominar los cuerpos más  desprotegidos, donde los rostros no importan y las palabras no tienen sentido alguno, donde los latidos se sincronizan y las siluetas se distorsionan al compás de las caricias y los gemidos, ese mundo donde el tiempo se detenía donde sólo eramos él y yo, ese mundo donde exactamente eramos... 

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