Existen historias tan difíciles de contar y no porque hayan sido malas si no porque duele reconocer cuando las cosas llegan o deben de llegar a su final.
Tengo 34 años y jamás me había enamorado de la forma en la que sin pedirlo ni buscarlo me enamore de él y aun que dicen que el amor es algo pasajero se que cada uno de los días que me queden de vida en este mundo él seguirá estando muy presente en mi mente y en mi corazón.
Recuerdo perfectamente como todo comenzó aún que nunca sabre quien agrego a quien, algo en él llamo mi atención, quizás era el tono de su piel, su nacionalidad, no lo sé exactamente, pero estaba tan necesitada de una platica amena y diferente, me encontraba tan harta de las banalidades y ese sentimiento de vació e indiferencia en mi interior, necesitaba platicar, necesitaba alguien que me escuchara sin importar que le contara o le dijera y él sin pedírselo me brindo muchas horas de su tiempo, recuerdo nuestras infinitas horas pegados al celular platicando de todo y a la vez de nada y eso era tan ameno y agradable, el poder disfrutar de ese tipo de charlas sin caer en las típicas tonterías del sexthing ni nada por el estilo, el que pudiera verme por como soy y pienso y no dejarse llevar por un simple cuerpo en una foto, creo que en ningún momento en ese tiempo me percate que él comenzaba a verme con ojos de amor algo que yo era muy renuente a creer que podría pasar, siempre había sido tan dura conmigo misma, criticando mi cuerpo y mi forma de vestir como si pensara que él esperaba toparse con una barbie al verme frente a frente algo que definitivamente yo no era.
Hasta le fecha siempre me voy a preguntar como hubieran sido las cosas en este momento si yo no me hubiera atrevido a tomar ese autobús rumbo a Queretaro esa noche del 18 de Enero de este año...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario